Ayer martes 24 de febrero en Viznar fueron entregados a sus familiares los restos de dos victimas asesinadas por los golpistas sublevados contra el legitimo Gobierno de la II República.
FRANCISCO DEL ÁGUILA RODRÍGUEZ, era mecánico del tranvía de la sierra en 1936. Nació en 1912, vivía en la Placeta de Porras junto a su mujer y una hija nacida en marzo de 1936. Poco tiempo después de iniciada la sublevación en Granada, Francisco, del que no se conoce actividad política, fue detenido por una pareja de la guardia civil al apearse del tranvía en el paseo de la Bomba. Fue ingresado en prisión como tantos otros sin cargos o proceso abierto. Durante muchos años la familia ha conservado la carta que Francisco escribió en prisión pidiendo la ayuda de los suyos. Durante días la comida y la ropa llegó a la prisión de mano de su familia, hasta el momento fatídico en el que les comunicaron “ya no vengas más. Esta noche se lo han llevado”.
Un amigo de “Paquillo”, como era conocido por los suyos, tuvo la tarea de conducir el camión que lo llevaba a la muerte en el barranco de Viznar, y así se lo comunicó a su familia tan pronto como volvió a Granada. La identificación de los restos de francisco, exhumados en el 2023, supone un paso importante para cerrar heridas aún abiertas más de 80 años después del golpe de estado contra la República, y restituir la memoria de un inocente asesinado por el fascismo.
MARCELINO GÁMIZ GARZÓN, nació en Loja y fue un ejemplo del espíritu reformista del magisterio republicano. Destinado como Maestro Nacional en Lanteira en 1934, en los apenas dos años que residió en el pueblo Marcelino desarrolló una intensa labor tanto política como profesional. Pertenecía a la Sociedad de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT desde marzo de 1931. Su perfil izquierdista y su aproximación laica a la labor docente fueron motivos para ganarse la enemistad de los “elementos de orden” del pueblo, lo que llevó a su detención y asesinato en 1936. La inscripción en el Registro Civil de Loja en junio de 1938 por orden del juez de Instrucción rezaba que Marcelino “falleció en los alrededores de Viznar el día seis de septiembre de mil novecientos treinta y seis a consecuencia de herida de arma de fuego”.
Sus restos fueron recuperados en el año 2023 del interior de una de las fosas excavadas durante el año 1936 en el paraje del Barranco de Viznar. Aunque su asesinato fue un intento por condenar al olvido la vida de un hombre que simbolizó las esperanzas de cambio y modernización de un pueblo que fueron cercenadas por la violencia fascista, la recuperación de su memoria supone la victoria frente a sus asesinos.
Las heridas abiertas solo se cierran cuando se cuenta la VERDAD de lo ocurrido, se hace JUSTICIA con los hechos acontecidos, se REPARA a los familiares y se devuelve la DIGNIDAD a las víctimas. De no hacerlo existe el riesgo de volver a repetir esas atrocidades.